martes, 5 de marzo de 2013

LA PORTERA (IV)


"Lo que menos imaginaba era..."

Era…lo que ocurrió. Debo reconocer que soy una maniática de la limpieza. Bueno, o lo era en Japón. Y todo fue por un programa que estaba viendo en la tele. Al principio la veía sin entender ni una sola palabra pero lo cierto es que los programas eran muy divertidos, y poco a poco iba entendiendo más y más. Aquel día, un famoso presentador iba por la calle preguntándole a chicas japonesas guapísimas si les podía hacer una prueba: ellas se ruborizaban y se tapaban la boca (siempre lo hacen cuando se ríen) y, cómo no, aceptaban. La prueba consistía en colocar un pequeño microscopio de alta resolución en su nariz, en esa zona que se nos ensucia más, al lado de los agujeritos. ¡Dios! Ellas pegaron el mismo grito que yo. Las imágenes del microscopio eran terroríficas. Los monstruos de Alien estaban todos allí. Ácaros gigantes con pinzas por boca, cuerpos rígidos, armaduras orgánicas, ocho patas…Saltando unos encima de otros, chocándose…Aquella imagen produjo un gran impacto en mí. Y empezaron a poner programas, no sólo de los ácaros que viven en nuestro cuerpo, sino de los que viven en las tabletas de chocolate (horrorosos), los que vivían en los sillones (estaba a salvo, no tenía ninguno) y los peores: los que vivían en el tatami. Esos se veían incluso a simple vista si te fijabas bien. Los empecé a imaginar entrando por mi oído como en la peli de Star Trek…Y me volví loca. Me fui a la droguería a comprar todos los productos de limpieza imaginables y más. Y puedo asegurar que en Japón los hay de todas las formas, colores y funciones posibles. Me convertí en una “virusa”. Menos mal que lo he ido superando.
Pero allí lo era, y de ahí que la aparición de una cucaracha me trastornara por completo. Y que mi objetivo principal fuese: 
1- averiguar orificio de entrada
2- posible foco de infección (restos de comida…)
3- exterminación inmediata (incluyendo posible descendencia)
Continuará...(jijiji)

lunes, 4 de marzo de 2013

LA PORTERA (III)


Y por fin la conocimos. A ella. A la portera. Ella nos había enseñado el apartamento una de las veces, pero no sabíamos exactamente quién era. Ahora ya lo sabíamos. Era a ella a la que tenía que entregarle el dinero cada mes y la libretita de pagos para que me la sellara. Era a ella a la que debía consultarle cualquier cosa y era ella la que se quejaría también de cualquier cosa. Era como una espía colocada justo a la entrada del edificio. Vivía allí, en el bajo, y aunque nunca pude atisbar nada por los centímetros de puerta que dejaba abierta cuando iba a pagar, juraría que tenía cámaras espía colocadas por doquier. Era antipática con ganas pero sí que admiraba la diligencia con que mantenía limpias las escaleras, día tras día, a pesar de su edad. No le gustaban los extranjeros, se le notaba, pero el destino había hecho que trabajase en un edificio en el que estos eran bien recibidos. Intenté con todas mis fuerzas caerle bien. Cada vez que salía, y veía las cortinillas moverse, le decía adiós. Cada vez que llegaba le decía hola y le agradecía (otzukare sama deshita, costumbre japonesa), el trabajo realizado. Casi no me contestaba. Me rendí a la evidencia cuando, cada vez que me veía salir con la basura, aparecía de la nada y me decía algo. Yo me hacía la tonta y decía, sí, sí. Ella lo que intentaba era pillarme tirando la basura orgánica el día que tocaba la de recipientes de cristal o plástico. Hasta que la pillé yo a ella. Casi se muere. Y no precisamente tirando la basura… 
Desde que llegué al edificio, todas las noches, a eso de las diez, se abría la puerta de uno de los apartamentos del primer piso y salía un hombre mayor a fumar. Le ví la primera vez que estrenaba lavadora. Cómo no podía creer que tenía lavadora en casa, me pasé una semana poniendo varias lavadoras al día (no sé ni lo que lavaba tantas veces). La primera noche puse hasta tres seguidas y cuando salía a tender la ropa a la terraza, le ví. La primera noche, la segunda… Al principio no le di la mayor importancia, pero empecé a relacionar el olor desagradable que entraba todas las noches en el apartamento con aquellas salidas del viejito. Poco a poco me fui acostumbrando y hasta me olvidé de él. Pero se fue quitando el frío y me desesperaba cada vez que al abrir la ventana por la noche entraba alguna cucaracha, a mi parecer “mutantes”, por el tamaño y color rozagante que lucían. Y lo peor: volaban. Me enfadaba y me preguntaba de dónde salían, por qué entraban en mi casita que mantenía tan limpia. Lo que menos imaginaba era… 
Continuará...

viernes, 1 de marzo de 2013

AQUELARRE

Hay palabras feas de verdad. Iba a poner una lista con todas las que se me iban ocurriendo a bote pronto (esta expresión siempre la había dicho mal, pensaba que era : a voz de pronto), pero la que hoy ha aparecido en una conversación mañanera ha sido la palabra aquelarre. Por curiosidad he buscado su etimología y resulta que proviene del euskera, que se ha asimilado al castellano y que se refiere a cualquier reunión de brujos y brujas. Inevitablemente cuando hablamos de aquelarres pensamos en meigas. Para no meter la pata he buscado también su significado. Las meigas, a diferencia de las brujas, son buenas. Pues hablemos solo de brujas, brujos y aquelarres. Siempre los había imaginado en bosques oscuros y frondosos. En noches de luna llena y niebla ascendente. Alrededor de ollas de cobre humeantes. Machos cabríos con cuerpo humano danzando al son de rezos paganos...Pero no. Los aquelarres no necesariamente necesitan de toda esa parafernalia para celebrarse. No necesitan tampoco de la nocturnidad, sí de la alevosía. Se celebran a pleno sol, en lindos hogares, alrededor de tazas de café. También en plena calle, en las colas de los supermercados, en las puertas de los colegios, en oficinas y en despachos...Vía telefónica, Facebook, blogs y wasups. El macho cabrío adopta otras formas más cuidadas. Va a la peluquería. No danza a ritmos frenéticos. Dice hacerlo al son de la luna y las estrellas y si puede se viste de Prada.

miércoles, 27 de febrero de 2013

También...


Hay días en los que comienzas sorprendiéndote de las maravillas de la naturaleza humana. Sí es cierto que son los menos, que por desgracia abundan más los días de desilusiones, pero la maravilla de hoy puede con miles de esos otros.
Hacía tiempo que no me tomaba un café en Farray. Allí seguía Marco, saludándonos con su sonrisa de siempre. Las mesas y sillas con los cojines color granate y el dibujo de una rosa. La fuente sin funcionar. Las palmeras aún dormidas. Los periódicos a punto de llegar. Ni los donuts, ni el pan de sándwich, ni los croasanes. No importaba porque todavía no tenía hambre. Remuevo mi “leche y leche” cuando veo que un señor, de los que habitualmente encuentras sentado en uno de los bancos de la plaza, de los que no sé su historia pero que intuyo dura, triste, desafortunada, se acerca y le pregunta:
- ¿Con corteza o sin corteza? ¿También los donuts? ¿Y cuántos de pan?
Marco le entrega diez euros y le da las explicaciones pedidas. Él se aleja arrastrando sus pies pesados de tantos días bajo la lluvia, bajo el sol, bajo el frío. Bajo las tristezas y bajo el alcohol. 
Me quedo mirando a Marco y le pregunto:
- ¿Él va a comprar las cosas? 
- Sí…
No hace falta que me diga nada más. Por mi mente pasan rápidamente todas las mañanas en las que él se acerca y le hace las mismas preguntas, en las que tras el recado recibe unas monedas que le ayudarán a llevar mejor su día, nublándolo con emanaciones etílicas en las que todos hemos caído alguna vez pero de las que algunos no han podido escapar.
Marco continúa hablando… “Y qué le voy a hacer. También tienen la llave de mi casa. G. va todos los días a sacar a Gucci (mi perrito) mientras yo trabajo. También saben que se pueden quedar a ver la tele, les dejo unos refrescos y unas cositas…mejor que pasar el día sentados en el banco…y si quieren también pueden ducharse, compré unas toallitas…eso sí, cuando ya salgo del trabajo…ellos saben que también tengo una vida…”
Le miro. Por mi mente pasa fugazmente la idea de que yo también podría hacer lo mismo…No soy tan valiente.

martes, 26 de febrero de 2013

Mientras ella solo dormía

Su único pecado era ser bella
Caminaba mirándose los pies
Su espalda algo encorvada
Heridas de la adolescencia
Recuerdo del primer sujetador
Regenta moderna
De maledicencias y mentiras
Vergüenza de pecados no cometidos
Vida inventada
Mientras ella
Solo dormía


miércoles, 20 de febrero de 2013

LA ROCA


Se envuelven en caricias

Ella inmóvil

Él arrebatado

Contándole en cada embestida

Una y mil noches de calma

Mil y una noches de tormenta

                                                                      
                                             A la Peña la Vieja

martes, 19 de febrero de 2013

La PALABRA

Es aquella que llena las almas y que también las parte. Es aquella que es capaz de elevarnos o hundirnos sin que haya defensa ni antídoto posible a sus desmanes. Es aquella que nos permite soñar que todo es posible. Es aquella que enamora sin aritificios, solo con versos. Es la llave a la imaginación. Es la que permitió a Enma Bovary creer que la luna solo existía para alumbrar su alcoba...