jueves, 7 de febrero de 2013

NEZUMI (III)

...Le acompañaba uno de los tres hermanos de la agencia. Tras la primera inspección ocular se quedaron asombrados y me dijeron que entendían mi desesperación, ya que el apartamento estaba precioso. No podían imaginarse que el sitio que ellos nos habían alquilado pudiese sufrir una transformación semejante (el toque femenino) y que era una pena que fuera invadido por ratones. Nos explicaron que el foco de “infección” era el apartamento del piso de abajo, que estaba muy sucio, que vivían más de los que cabían y que ya les habían llamado la atención. El proceso “barato” sería el siguiente:  colocaría trampas todas las semanas en cada apartamento y los jueves pasaría a ver cuántos habían caído. La solución no me hacía mucha gracia pero era lo que había. Y cuál no fue mi sorpresa cuando abre el armario de la habitación y con una sola mano mueve lo que yo creía el techo (un tablón de chapacumen) sólido y rígido con el que me creía a salvo, sube por ahí y vuelve a bajar. Las trampas ya habían sido colocadas pero a mí me seguía preocupando que volviesen a entrar, así que le expliqué lo que había hecho con los periódicos y casi se le escapa la risa (era un profesional y no debía reírse, sobre todo en Japón). Me explicó que a los ratones les encanta el papel, así que se lo debían estar pasando pipa, come que te come, abriéndose camino de nuevo. Empezó a quitarlos todos - arduo trabajo porque yo había sido muy meticulosa- y a sustituirlos por unas redecillas metálicas. En medio del proceso nos sorprendió sacando de un hueco…¡un cuchillo gigante! Estaba encantado. Nos explicó que posiblemente había vivido un “yakuza”* en ese apartamento, y que utilizaba esos huecos para guardar sus armas. ¡Qué guay! Por un momento me olvidé de mis molestos vecinos peludos y sólo pensé en yakuzas, geishas, “Sol Naciente” con Sean Connery, dedos meñiques cortados, cuerpos tatuados…Y durante todo el día estuve imaginando historias de amor, tatuajes y asesinatos. Pero la noche me devolvió a la realidad. Me despertó un ruido que provenía del techo, primero carreras y después golpes secos: había caído uno. Y dos, tres y varios en días sucesivos. Yo ya esperaba los jueves con la ilusión de ver a mi “fumigador favorito” informándome puntualmente de las bajas acaecidas. Finalmente dejó de venir. Las carreras seguían. Y llegó mi madre. La primera noche, cuando la casa comenzó a sufrir fuertes sacudidas, se despertó sobresaltada. Le dije que siguiera durmiendo, que no pasaba nada, que sólo era un terremoto; me miró con ojos que delataban seguir en el mundo de los sueños, soñando con terremotos. La noche siguiente volvió a sobresaltarse. Esta vez por unas carreras en el “tejado”: tranquila mami, son sólo gatos…

Notas:
* Yakuza: miembro de la mafia japonesa

2 comentarios:

  1. jajaja me lo he pasado genial leyendo los 3 relatos

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    1. Gracias Fran!!!!!!! Me alegro de que te hayan gustado!!!!!!!!!!!!!

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